Cuerpo-Mente-Motivación es el motor de todo

En cojudeces.com creemos que el bien más preciado y escaso es el tiempo, y que el activo más importante es la combinación cuerpo-mente-motivación. Somos paranoicos y somos infelices: en todo momento presentimos que estamos malgastando el tiempo. Como ahora, escribiendo estas cojudeces.

Cada tres o cuatro meses decidimos que algo estamos haciendo mal y tomamos papel y lápiz y creamos un programa de actividades: a las 5am estiramientos, de 7 a 8 contestar emails, a las 9pm escribir a los amigos, etcétera. A veces los programas son súper detallados, otras veces contienen solamente objetivos generales. Indefectiblemente terminamos desobedeciendo nuestras propias reglas y nos deprimimos. Entonces creamos un nuevo programa y nos motivamos. Por ejemplo, actualmente queremos publicar un post cada (tres) días en esta página.

La combinación cuerpo-mente-motivación es el motor de todo. Entrenar, aparte de mejorarnos la salud y reducir las probabilidades de ser viejos decrépitos, ayudan a oxigenarnos la neurona y poder llegar a niveles más altos de RPM sin quemar cerebro. Por eso entrenamos cinco o seis veces a la semana; uno o dos días de cardio, el resto pesas o algún deporte que haga sudar (nota: el golf, bowling, y salir a caminar no son deportes).

Afortunadamente, nuestra chamba requiere usar una neurona. Perdón, no lo requiere, pero si nos lo proponemos, se puede usar la neurona. La mayoría prefiere no hacerlo. Si la chamba no permite usar mucho el cerebro (por ejemplo, Fresa pasa el día haciendo trámites en municipalidades y Registros Públicos), entonces es imperativo buscar algo que hacer. La neurona es como un músculo: si no se usa, se atrofia. Ver la Praxis Antidecadencia.

Arnold Schwarzenegger dijo una vez que no había que dormir más de seis horas al día, pues hay mucho por hacer y la vida es corta. Nosotros no la hacemos nica, mínimo siete horas de sueño para estar funcionales. Casey, en el video de abajo, duerme cuatro horas. Veremos cuánto le dura la gracia.

En nuestro caso, un día típico para un miembro del escuadrón es así.

El tiempo es escaso. No hay espacio para el hueveo, pero obviamente la tendencia natural es la de huevear, así que aunque no aparezca en el horario, se manifiesta durante las horas de chamba. Hueveamos en internet, agendamos reuniones para evitar chambear, cosas de ese estilo. Nuestro jefe y algunos colegas huevean leyendo el periódico; extienden cual mantel The Wall Street Journal y ponen cara de preocupados.

Pero nosotros bien sabemos que están hueveando.

Diatriba sobra la mediocridad profesional

Cada año que pasamos bregando en la jungla de Corporate America nos convencemos de que la distribución de personajes es igual que en el colegio. Está el tipo talentoso pero flojo, está el lentito, el nerd, el tipo que solamente quiere impresionar al profesor, el plagero, el abusivo, la lorna, el chancón, el adonis, la fea, el chonguero. Nos ha ayudado mucho en nuestras carreras identificar claramente a cada personaje y saber qué motivos ulteriores los conducen en el día a día.

Pero por encima de esta caracterización detallada y casi individual hay otra más abstracta: tiene forma de la campana de Gauss. El promedio y media de la distribución es cero y hay mayor concentración de puntos alrededor de la media que en una distribución normal (el término técnico es “curva leptocúrtica”). Esta curva se puede aplicar a diversos temas como el esfuerzo, iniciativa, perseverancia y valor agregado al mundo. La mayoría, como pueden imaginar, contribuye cero valor, o tienen cero iniciativa, o demuestran cero esfuerzo. Hay otros que sustraen valor y otros pocos que añaden valor.

La corporación sobrevive, a pesar de que en promedio el valor agregado es cero, debido a que el modelo de negocios fue planteado tiempo atrás cuando la distribución tendía hacia la derecha (negative skew). Por ejemplo, una compañía farmacéutica goza de monopolio (o protección de patentes) de manera que no hay necesidad de que los trabajadores hagan nada extraordinario para generar utilidades. La gerencia y demás profesionales puede pasar todo el día en “business meetings” o creando presentaciones de PowerPoint ad nauseum y todo seguirá viento en popa (hasta que expiren las patentes).

Así llegamos al punto en el que la gran mayoría NO QUIERE HACERSE PROBLEMAS y es de mal gusto (y a la vez arriesgado en términos de seguridad laboral) disentir en reuniones, o tratar de promover discusiones.

Pero hay algunos pocos individuos en los márgenes de la población que -por orgullo o placer en la búsqueda de conocimiento o quizá simple paranoia de no sentirse ceros inútiles- estudian, piensan, persiguen ideas nuevas. Ideas producto de la investigación y la lógica.

En los estratos menos privilegiados de la corporación, estos individuos son confrontados con cliches como “if it ain’t broke don’t fix it” (“si la cojudez no está malograda, no la arregles”) y son catalogados como tipos problemáticos.

En estratos más altos, donde las discusiones son más “alturadas” y “estratégicas” el 90% de las veces uno se ve confrontado con la pregunta cuáles son las mejores prácticas de la industria, o la variante tienes un slide que muestre un estudio de benchmarking? o qué están haciendo nuestros peers?

Si uno no trae bajo el brazo ese maldito slide, ya se empieza el partido con un gol en contra. Pero esas mejores best practices son no más que eufemismo de la mediocridad y una expresión camuflada del “no quiero problemas por favor”.

Aquí dejamos nuestra diatriba porque tenemos que seguir trabajando en PowerPoint CSM.

Nadie mejor que Dilbert para capturar lo esencial.