Cross-pollination: ideas de Apple aplicadas a la construcción

“La idea fue tomada de la MacBook Air, un producto ligero, estéticamente perfecto y totalmente funcional… ahora con el lanzamiento de la nueva MacBook, como que todo encaja”

Cuando Fresa y Jano decidieron fundar FJM Constructores allá por el año 2003, el objetivo era ofrecer vivienda vanguardista y asequible a los peruchos que “se consideran iconoclastas del diseño, gustan experimentar altos grados de adrenalina, y no quieren gastar mucho”.

Con esa misión lanzaron FJM, tomando como primer paso la contratación del arquitecto de gran trayectoria Markarián (para muestra de sus obras pre-FJM, click aquí). El vigor, esfuerzo y química de los tres socios dio como resultado una decena de edificios de departamentos en el distrito de Surquillo.

“Sin embargo”, comenta Fresa, “el mercado de inmuebles en Lima ha llegado al punto de saturación extrema. Casi no hay donde construir y lo que se construye termina sin sabor ni color ni buen gusto.”

Hasta que FJM construyó esto.

Casa Verde, FJM Constructores
Casa Verde, FJM Constructores

La inspiración, según Fresa, viene de Steve Jobs y Apple: “en algún momento Steve Jobs comentó que uno no debe tratar de proteger sus productos sino más bien seguir creando nuevos productos que compitan con los ya existentes. En otras palabras: canibalizarse. Si uno mismo no se canibaliza, otros lo harán. Nosotros sabemos muy bien que el nuevo diseño Casa Verde (ver foto) compite directamente con el diseño Mamarracho que hemos venido ofreciendo durante la última década y, sin embargo, ofreceremos ambos productos a pesar de que Mamarracho rinda mejores márgenes. Otro aspecto interesante de Casa Verde es que la idea fue tomada de la MacBook Air, un producto increíblemente ligero, estéticamente perfecto y totalmente funcional. Y bueno, ahora con el lanzamiento de la nueva súper ligera y delgada MacBook de 12 pulgadas, como que Casa Verde tiene la bendición de Apple, y de Steve Jobs, no les parece?”

Pensando visitar Lima? Escucha esta sinfonía!

Ayer jueves comenté que quería ir de visita a la gran Lima… esto fue lo que me contestó en mensaje de audio el siempre atento Perucho D Pura Cepa (también conocido como “Fresa”).

Un día cualquiera en el cruce de las avenidas Tomás Marsano y Roca y Bologna. Viva!

Las geniales fotos que muestra el video son unas postales que nos obsequió nuestro colaborador Pedri allá por el año 2007: Lima * Peru.

El Directorio Bar – Lima

Después de una prolongada ausencia, estamos de vuelta, han ocurrido miles de cojudeces e historias en estas últimas semanas, algunas muy ingenuas y otras muy intensas y alucinantes. Necesitaremos tiempo antes de decidir si publicarlas o no, aunque en el fondo sabemos que al final nos inclinaremos por ponerlas al alcance de quien decida tipear www.cojudeces.com y presionar “enter”.

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Enrejada Lima

Continuando con los comentarios de nuestros lectores, hoy publicamos un balbuceo que recibimos hoy de nuestro extrañado y admirado Martillo. Es acerca de las rejas:

Lima tiene rejas entre casa y casa, alrededor de las casas, dentro de las casas, en las ventanas y en las puertas de las casas, en los timbres de las casas. Lima tiene rejas que cierran calles y pasajes. Lima tiene rejas en los taxis y en los faros de los autos.

Lima tiene taxis a gas, el balón va en la parte de atrás de esas camionetas station wagon blancas con el timón cambiado… adivinen como aseguran el respetable balón de gas… sí, con una reja. En Lima hay árboles en medio de las veredas, circundados por una pequeña reja, de un metro de alto.

¿Por qué enrejamos todo en Lima? Malditas rejas, malditas sean sus púas y su cerco eléctrico, infame invento antirrobos. En Lima todo pretende ser antirrobo, antiinvasión, antichoros, antiperrosmeones. Lima pretende demasiado, sin embargo se hace extrañar, ciudad violenta y enrejada, no sé cómo lo haces… ¿tienes algo que yo deba extrañar detrás de alguna reja?

(El Martillo)

Lima * Perú

 

             Casa Lila
             Casa Lila

 

En septiembre del año pasado nuestro conspicuo y reservado colaborador Pedri nos obsequió un manojo de postales “para que tus patas conozcan”, dijo. La foto muestra una de ellas: Casa Lila. Las saboreamos una por una, despacito. Exquisitas. Pero teníamos que preguntar:

– ¡Qué es esto! – Lima * Perú -fue lo único que contestó.

Las habíamos olvidado por algún tiempo, pero con la mudanza salieron a flote, así que las volvimos a experimentar y nuevamente nos parecieron ge-nia-les. Sí: geniales, y esta vez lo proclamamos sin ironía ni sazón alguna, pues no hay lugar para éstas: las postales lo contienen todo. Click aquí para verlas.

Hicimos un poco de investigación en internet y encontramos lo siguiente:

“Lima*Perú es parte de un proyecto en curso, que en sus diversas versiones utiliza el formato convencional y virtual de la postal como medio para el análisis de la imagen de la ciudad; su construcción y su circulación. A la vez que propone la creación y proliferación de nuevas versiones a partir de una visión propia y personal de nuestro entorno…

… Las imágenes que forman parte de Lima * Perú revelan una mirada sobre Lima, distante pero interesada, insolente pero dignificante, tratando de capturar los espacios ausentes, los intersticios en el ejercicio de representación de esta ciudad, y mostrar su carga simbólica y afectiva.”

Descripción breve, aunque algo pretensiosa y usando figuras que los artistas y críticos gustan manosear para que suene interesante y profunda la cosa que tenemos al frente… En este caso, creemos que bastaba con decir Lima * Perú.

Cómo no vive Julio Ramón Ribeyro para que vea estas delicadeces.

En monedas no se da propina

Estuve de visita en mi querida Lima La Horrible las últimas dos semanas, la encontré calurosa, húmeda, e inescapable pues en casa de mamá no hay aire acondicionado. Pasaron muchas cojudeces, como esta del salón de belleza: Ya que había comprado los pasajes con cierta anticipación (pero claro, programar encuentros con los patas fue imposible, ver “cuando llegues, llama y quedamos“), decidí no cortarme el cabello desde octubre y esperar hasta estar en Lima para ir a uno de esos sofisticados salones que pululan la ciudad y decirle al estilista “tú decide qué hacer, lo dejo en tus manos.” Read More

Cuando llegues, llama y quedamos

Una pequeña pero interesante diferencia cultural entre los Estados Unidos y el Perú (tal vez latinoamérica, pero no podemos generalizar)

Esta semana viajamos de visita a Lima, nos quedaremos tan sólo dos semanas. Hay tantas cosas que queremos hacer y tan poco tiempo que pensamos (alucinamos) ir programándolas con algún tiempo de anticipación. Enviamos varios emails, hicimos llamadas telefónicas a nuestros patas: “qué tal si nos juntamos tal día en tal lugar para conversar y tomar unos traguinchis”. TODOS nos contestaban los mismo: “de puta madre! Ya! Cuando lleguen a Lima me llaman y ahí quedamos.” Como si hacer la llamada desde Lima añadiera certeza a la cita, carajo. O, dicho de otro modo, como si una llamada de larga distancia restara credibilidad a lo que se dice.

Y no es que solamente hayan sido nuestros patas los que me chotearon; Clea necesita hacer algunas entrevistas y ha estado tratando de programarlas desde acá, pero todas estas organizaciones le han contestado: “ya, cuando llegues nos llamas y ahí vemos qué día y a qué hora hablamos.” Sólo una persona concertó la cita sin entrar en huevadas: el señor es gringo.

Tal vez en el fondo no nos gusta planificar, es más paja hacer las cosas informalmente, al champazo.

Leonidas Diputado (Revista Caretas, Lima, 1990)

Lo que a continuación presentamos no es algo que se vea todos los días; rogamos, pues, que el lector preste gran atención y saboree línea por línea el artículo-entrevista escrito por el periodista peruano Jaime Bedoya.

En la edición del 1° de Octubre, 2005, mencionamos una carta que recibimos del Gran Riva: “(Mediodiablo) Te cuento que en Lima exhumé el numero de Caretas donde está el famoso artículo de Jaime Bedoya sobre el gran Carbajal; le saqué dos copias, una para ti y una para mí. Te pediría que cuando tengas tiempo escribieras un comentario, enumerando número de párrafo y línea, pero un comentario del tipo antropo-filológico-estilístico. Lo digo en serio.”Cojudeces.com respondió públicamente al Gran Riva con el siguiente pedido: “… esperemos que el Gran Riva colabore con nosotros y nos envíe cuanto antes lo que nos pidió: un comentario del tipo antropo-filológico-estilístico. Lo decimos en serio.”

Leonidas Diputado El orador de Trampolín se lanza a la piscina política.

(Transcrito de la revista Caretas, 12 de febrero de 1990) En el puesto número cuatro de la lista de diputados por el Callao presentada por el Frenatraca, figura el nombre de Leonidas Carbajal, el hombre-enciclopedia de Trampolín a la Fama. Animado por el jale electoral demostrado por personajes populares de la televisión (caso Ricardo Belmont, alcalde; caso Guillermo Rossini, regidor) y haciendo valer sus legítimos derechos ciudadanos, Carbajal va en pos de representar al primer puerto del país. Dice que no hace promesas. Y que de salir electo no renunciaría a Trampolín.

Leonidas en camisa azul, junto al elenco de Trampolín a la Fama
Leonidas en camisa azul, junto al elenco de Trampolín a la Fama

Una Monalisa, un bustito de Juan Pablo II, un tumi dorado, dos pinturas paisajistas (vista de nevados huaracinos; puesta del sol selvática), y confortables granate, adornan la sala del probable próximo diputado por el Callao, Leonidas Carbajal Alvarado. ¿Y la computadora prendida? ¿Y la biblioteca repleta de libros nunca abiertos? ¿Los cartelones? No los necesita. La gente sabe, conoce. En un país analfabeto, él es El Verbo de los sábados por la tarde. Un hombre fascinado desde su infancia por los misterios del lenguaje. Extraña inquietud que no sólo le permitiría decirle un día a Augusto Ferrando…

– Lo que tú tienes es un espasmo agudo de las bronquiales terminales con sibilancias diseminadas en ambos semitórax.
-¿Qué es eso?, preguntó Ferrando
-Que estás con tos.

… sino que proyectaría su popularidad a nivel nacional con patada en Miami; e incluso ésta -en caótico y caluroso momento de la historia de su país- sería interpretada como incondicional garantía de representatividad ciudadana. Por eso Leonidas -impecablemente de blanco, salvo secciones geométricas en azul de su camisa y finísimas líneas multicolores adornando sus calcetines- se relaja sobre su confortable granate, sabedor que goza de dos verdades absolutas que lo elevan por encima de la computadora prendida y el estar explicándole a la gente quién es él y porqué. Primero, el cariño del pueblo. Segundo, el don de la palabra. Siendo este último, por lo poderoso, relativo.

-Leonidas, ¿ya tienes algún slogan?
-Hermano, he estado pensando. Pero la verdad es que no me sale nada.

Fue a través de una actividad ministerial recreativa llamada la hora del empleado público -destinada a explorar el talento dormido del burócrata- que Leonidas sintió el llamado del arte.

En realidad, su precoz interés por la retórica, azuzada por la constante y alerta lectura de diarios y enciclopedias, pugnaba por una vía expresiva. Ministerial o no. Llegó a la televisión. Hizo comedia y drama. Fue galán de telenovelas. Pero el destino le guardaba un lugar propio en un programa concurso conducido por una de las leyendas televisivas de la realidad peruana, Augusto Ferrando. El programa de repercusiones míticas en la vida semanal de miles de televidentes, encerraba sabiamente su filosofía en su nombre: Trampolín a la fama. En éste, Leonidas Carbajal, vestido de policía, tenía a su cargo la delicada misión de retirar de las cámaras -ayudado de un bastón- a los concursantes que no reunieran las mínimas cualidades interpretativas que, en fin, la fama, siempre requirió.

Una tarde faltó Dalila al programa. Ella, junto con la entonces escultural Camucha Negrete, era una de las bellas modelos que tenían derecho a un breve saludo a la teleaudiencia. Una tarde faltó Dalila al programa, y Ferrando dijo a ver policía -ni siquiera sabía su nombre- saluda tú. Carbajal, en elegante traje policiaco, iluminado por la gracia de la improvisación y apelando a lo más recóndito de su vocabulario, televisión vivo, empezaba a dejar escapar palabras como: peripatética concurrencia, como: dadivosa y genuflexa conmiseración, y fue un éxito. Su prosa quedaba establecida como la sólida y venerable catedral que la oratoria rococó peruana necesitaba.

De vuelta en el sofá granate, Leonidas Carbajal, ya cercano a los sesenta años, podría sentirse casi un hombre satisfecho.

Goza del cariño del pueblo. Conoce Miami. Ha actuado en café teatro, en las obras Che Probeta y en Ayer Hombre, Hoy Mujer, roles protagónicos en ambos.

Dice que lo que es y lo que piensa ser, se lo debe a Augusto Ferrando. Sin embargo hay algo que lo ha llevado ahora a pensar en la política. Algo relacionado con que lo conocieran en una calle de Miami. ¡Hola Carbajal!, le gritaron. Algo relacionado con un hombre pobre que en esos momentos le toca el timbre de su casa y le dice doctor Leonidas Carbajal, necesito una ayuda. Dice que lo vienen a buscar. A veces le piden plata. Otras veces, escucharlo hablar.

Yo siempre fui de llevar una vida sedentaria y en ostracismo. (¿ves cómo van saliendo solas las frases?) En pasadas oportunidades unos amigos ya me habían llamado para incursionar en política. Yo no dije. Pero ahora se ha tratado del Frenatraca, un partido organizado, sólido, y he tenido la oportunidad de conocer a su líder Roger Cáceres, quien a través de sus palabras he podido comprobar que se trata de un hombre bastante probo y circunspecto. Ahora, claro, por el triunfo de Belmont, todos quieren entrar en política. Pero también se ha probado otra cosita: que los señores profesionales que estaban en política más se ocupan de sus profesiones que de su responsabilidad con el país. Iban al Congreso, marcaban tarjeta y se retiraban a atender a sus clientes. A mí eso me parece muy mal. Muy mal. Porque si uno es elegido es porque lleva el sentir de un pueblo, es para defenderlo, luchar por él. Entonces debe trabajar a tiempo completo y olvidarse del resto Menos de Trampolín a la Fama claro. De salir diputado yo seguiría en Trampolín. Creo que no interferiría con mi obligación parlamentaria. Van a haber políticos que me miren por encima del hombro. Tiene que haber de todo. ¿Qué hace éste acá?, van a decir. Cómico, además. Pero hay que demostrar a esa gente que -si bien no se va a estar a su nivel, porque ellos son políticos, con experiencia- por lo menos no hay que quedarse a la zaga. Hay que tratar de levantar la voz. Sin embargo, mira hermano, hasta ahora no he repartido ni una tarjeta. Primero, porque ni tengo. Pero estoy sorprendido porque la gente me busca, yo no llamo a nadie. Teleguía, la señorita de Gente, ustedes, los de Univisión con tremendo aparato de video. Yo me pregunto: ¿caigo bien a la gente? Me ha sorprendido la verdad todo este interés. Además que lo agradezco, hermano, porque esta cuestión de política es de lo más cara y yo ni siquiera he repartido mi foto. Si no fuera por ustedes, la verdad es que la gente ni se entera. Aunque también ya me están llamando paquete: ¿Pa qué te metes, pues? Nooo, qué guardaespaldas, ni cocteles. Si salgo elegido, a mí el cargo no me va a cambiar. No, pues. A mí con polvitos.

En el Trampolín a la Fama del sábado 20 de enero Leonidas Carbajal, con su habitual prestancia, destacó las excelencias de Kaotrine, Ormeño, y Embutidos La Moderna. Augusto Ferrando, recién llegado del extranjero, se refirió a la candidatura de su hombre de confianza, dándose el siguiente diálogo:

Ferrando: ¡Imagínate tú entrando al Congreso! ¡Ya ni me vas a saludar! Son doce cocos que se llevan. Y hay algunos que ni conocen el Congreso. ¡Doce palos, hermano!
Carbajal: Pero… ¿no adelantan todavía nada, no?

La ocurrencia fue celebrada jubilosamente por la gente linda de Trampolín, tanto presente como televidente, electorado potencial del eventual diputado Leonidas Carbajal; a quien Ferrando también suele llamar cariñosamente Care’Guante.

(J. Bedoya).