Coffee break

La tortura de las fiestas navideñas del trabajo

 

Estoy en el break room de la oficina. Hay una máquina de café y dos termos: dark roast y decaf. También hay un botellón de agua y anaqueles con platos y cubiertos descartables. Hay una caja de donuts venenosos que alguien amablemente quiere compartir. Al lado están los baños. El break room no tiene puertas y, mientras me sirvo una taza de café decaf, se oyen pasos que se acercan desde el pasadizo que da a las oficinas y cubículos. Pasos ligeros de mujer. Read More

Entrevista de chamba

Tips para entrevistas: si tuviera todo el dinero del mundo, qué compraría?

 

He estado en conversaciones con una corporación multinacional para un puesto en finanzas. Hace un mes me entrevisté con el CFO y, como era de esperar, me puse tenso y hablé cojudeces. Sin embargo para mi sorpresa, no fui eliminado del proceso de selección y esta semana tuve una segunda entrevista, esta vez con dos cojudos de recursos humanos. Es un proceso lento, prolongado, estresante, y cómico.

Esta vez me preparé mejor y, extrañamente, no me puse nervioso. La entrevista dejó de ser entrevista y la convertí en conversación.
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Lost in translation

El CEO de nuestra compañía, A, es un tipo disciplinado que va al gimnasio todas las mañanas. Empieza a las 5am y a las 6:30am ya está en su despacho. El gimnasio es propiedad de la compañía y queda cinco pisos debajo de las oficinas de los ejecutivos. Yo: indisciplinado trabajador que solía ir al gimnasio temprano y toparse con el gran jefe. Al cabo de un tiempo intercambié las mañanas por las tardes y empecé a entrenar a partir de las 6pm todos los días.

El viernes pasado tuve una reunión con A y lo primero que comentó, como para amenizar la discusión fue: “1/2d, qué pasa? dejaste de ir al gym?”

A lo que genialmente respondí:

“Por supuesto que no. Voy todos los días, solamente que ahora entreno in the afternoon

Hubo una pausa infinitesimal y A contestó:

“Ahhh, in the afternoon… eres mejor persona que yo… no me alcanza el tiempo para ir in the afternoon.”

Solté una risa de imbécil y cambiamos de tema. Después de la reunión me di cuenta: “tarde” se traduce literalmente como “late”, y “afternoon” se traduce literalmente como “después del mediodía”. Lo que para mí, perucho de pura cepa, daba a entender que entrenaba a las 5pm o 6pm (o incluso quizás las 7pm!), para el CEO significaba las 2pm.

Desde ese día no hay madrugada que no me vea en el fabuloso gymnasium!

TIFU by being myself

Esta mañana estaba en la oficina preparando unos slides en PowerPoint que mi estimada y todopoderosa jefa va a presentar a inversionistas japoneses. El slide número 2 decía: “Today’s Presenter” y a continuación la página en blanco. En ese espacio iría la foto de mi jefa (llamémosla Juanita).

Busqué en internet y no encontré ninguna foto que me gustara.

Fui por un café y vi que mi jefa salía de su oficina, posiblemente a una reunión en otro piso.

Seguí buscando en internet. Nada. En presentaciones antiguas. Nada.

Mi última esperanza: la secretaria. Fui a su escritorio y muy suelto de huesos pregunté: “tienes alguna foto de Juanita, pero una en la que NO SALGA HASTA EL ORTO?

La secre quedó inmóvil sin decir nada. Solamente me miraba a los ojos. “Qué pasa?”, pregunté.

Después de unos segundos, contestó:

“No tengo ninguna foto… pero… por qué no le preguntas a Juanita que está en su oficina A DOS METROS DE DONDE TÚ ESTÁS (y con la puerta abierta)?”

Pero hay los que propinean toda la vida: esos son los imprescindibles

La corporación nos da tarjetas American Express para gastos de negocio. Las usamos cuando viajamos por trabajo. Con el afán de simplificar la colección de transacciones y mantener bajo control los gastos y quizás abusos de los empleados, la política es la siguiente:

“Todo gasto incurrido durante el viaje, por más pequeño que sea, deberá ser cancelado con la American Express, excepto en situaciones en la que es estrictamente imposible usar la tarjeta de crédito.”

Tengo cuatro subordinados. Viajan varias veces al año a conferencias y entrenamientos y demás cojudeces inventadas. Al regresar tienen que preparar un reporte de gastos que reviso y apruebo. Luego se efectúa el reembolso.

Estos cojudos. Los cuatro. Tienen personalidades y hábitos muy y tan diferentes, y sin embargo una característica comparten al milímetro: en cuanto a propinas se refiere, son más generosos que la Fundación Gates. Sus reportes de gastos están plagados de propinas que deben serles reembolsadas. Propinean al taxista, al huevón que les abre la puerta del taxi cuando llegan al hotel, al tipo que les lleva las maletas (cuándo caraxo he dejado que me lleven las maletas!), a las chicas que limpian los cuartos, a lustrabotas, a strippers, a mendigos y hasta en Starbucks.

Qué sería del mundo sin el altruismo y desprendimiento de algunos pocos. Como recita Silvio en Sueño con Serpientes: hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que propinean toda la vida: esos son los imprescindibles.

Cuerpo-Mente-Motivación es el motor de todo

En cojudeces.com creemos que el bien más preciado y escaso es el tiempo, y que el activo más importante es la combinación cuerpo-mente-motivación. Somos paranoicos y somos infelices: en todo momento presentimos que estamos malgastando el tiempo. Como ahora, escribiendo estas cojudeces.

Cada tres o cuatro meses decidimos que algo estamos haciendo mal y tomamos papel y lápiz y creamos un programa de actividades: a las 5am estiramientos, de 7 a 8 contestar emails, a las 9pm escribir a los amigos, etcétera. A veces los programas son súper detallados, otras veces contienen solamente objetivos generales. Indefectiblemente terminamos desobedeciendo nuestras propias reglas y nos deprimimos. Entonces creamos un nuevo programa y nos motivamos. Por ejemplo, actualmente queremos publicar un post cada (tres) días en esta página.

La combinación cuerpo-mente-motivación es el motor de todo. Entrenar, aparte de mejorarnos la salud y reducir las probabilidades de ser viejos decrépitos, ayudan a oxigenarnos la neurona y poder llegar a niveles más altos de RPM sin quemar cerebro. Por eso entrenamos cinco o seis veces a la semana; uno o dos días de cardio, el resto pesas o algún deporte que haga sudar (nota: el golf, bowling, y salir a caminar no son deportes).

Afortunadamente, nuestra chamba requiere usar una neurona. Perdón, no lo requiere, pero si nos lo proponemos, se puede usar la neurona. La mayoría prefiere no hacerlo. Si la chamba no permite usar mucho el cerebro (por ejemplo, Fresa pasa el día haciendo trámites en municipalidades y Registros Públicos), entonces es imperativo buscar algo que hacer. La neurona es como un músculo: si no se usa, se atrofia. Ver la Praxis Antidecadencia.

Arnold Schwarzenegger dijo una vez que no había que dormir más de seis horas al día, pues hay mucho por hacer y la vida es corta. Nosotros no la hacemos nica, mínimo siete horas de sueño para estar funcionales. Casey, en el video de abajo, duerme cuatro horas. Veremos cuánto le dura la gracia.

En nuestro caso, un día típico para un miembro del escuadrón es así.

El tiempo es escaso. No hay espacio para el hueveo, pero obviamente la tendencia natural es la de huevear, así que aunque no aparezca en el horario, se manifiesta durante las horas de chamba. Hueveamos en internet, agendamos reuniones para evitar chambear, cosas de ese estilo. Nuestro jefe y algunos colegas huevean leyendo el periódico; extienden cual mantel The Wall Street Journal y ponen cara de preocupados.

Pero nosotros bien sabemos que están hueveando.

Ustedes dos, a mi oficina!

Hoy llegué tarde al trabajo. La ruta más corta entre mi auto y mi oficina me obliga a pasar delante de las oficinas de mi equipo, pero no delante de la de mi jefa. Todos simulaban estar ocupados poniendo cacharros serios. Alguno de mis jefes, alguna vez dijo que si alguien sonreía era porque no tenía nada que hacer. No estoy de acuerdo con él pero es obvio que ésa es la impresión que se tiene en general.

Y hoy además salí temprano del trabajo. Lo extraño y perturbador es que me dio vergüenza pasar delante de mis pupilos y tomé la ruta alterna: larga, tediosa y hasta un poco sucia. Algo así como la ruta de escape en The Shawshank Redemption. Todo para evitar que me vean salir. Mi jefa, en cambio, no tiene esos problemas. Oigo el ruido de sus llaves, el chasquido del candado de su puerta, miro la hora (4pm) y luego la veo pasar.

Cuando llegué a mi auto me pregunté el porqué de mi timidez. Las explicaciones predecibles y demás cojudeces (el empleado modelo trabaja hasta tarde, el jefe tiene que dar el ejemplo, etc.) me dejaban insatisfecho. De pronto comprendí el capricho, la peculiaridad que está grabada en mi inconsciente: IBM del Perú.

En mis épocas de estudiante de la U de Lima, solía proclamar que el trabajo denigra al hombre (es evidente que la cojudez es innata en mi caso) y por lo tanto demoré lo más que pude el tema de las prácticas pre-profesionales. Pero sin prácticas no hay graduación, así que finalmente ingresé al mundo laboral gracias a IBM.

Me colocaron en el área de proyectos, específicamente en el Proyecto Reniec que quedaba en el centro de Lima. Quise quejarme: “escogí IBM porque queda a cinco cuadras de mi casa y ustedes deciden mandarme al Reniec” pero me aconsejaron mantener el hocico cerrado. Era el inicio del proyecto, éramos demasiado pocos, y todos nos garcábamos de miedo de Himmler (el gerente). Su oficina quedaba a la entrada de nuestro piso; es decir, había que pasar frente a ella para poder salir.

Era imposible. Nadie se atrevía.

Un gran día, Erwin Romelio Delgado encontró el ascensor de servicio. Quedaba en un lugar recóndito de nuestro piso, y nos dejaba directamente en la calle. Era un milagro, como el teletransporter de Star Trek, y cuando salimos a la calle no podíamos dejar de reír. Nos sentíamos como la voluntad general de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende. Guardamos el tema del ascensor en el más perfecto hermetismo. Éramos libres, éramos hackers, éramos el Che y los Rolling Stones y Erwin el Zorro de la Plaza Gastañeta.

Al cuarto día Himmler nos esperaba frente al ascensor. “USTEDES DOS, A MI OFICINA”, ordenó.

Ahora comprendo por qué escojo el camino difícil, el trecho caleta. Heil!

Diatriba sobra la mediocridad profesional

Cada año que pasamos bregando en la jungla de Corporate America nos convencemos de que la distribución de personajes es igual que en el colegio. Está el tipo talentoso pero flojo, está el lentito, el nerd, el tipo que solamente quiere impresionar al profesor, el plagero, el abusivo, la lorna, el chancón, el adonis, la fea, el chonguero. Nos ha ayudado mucho en nuestras carreras identificar claramente a cada personaje y saber qué motivos ulteriores los conducen en el día a día.

Pero por encima de esta caracterización detallada y casi individual hay otra más abstracta: tiene forma de la campana de Gauss. El promedio y media de la distribución es cero y hay mayor concentración de puntos alrededor de la media que en una distribución normal (el término técnico es “curva leptocúrtica”). Esta curva se puede aplicar a diversos temas como el esfuerzo, iniciativa, perseverancia y valor agregado al mundo. La mayoría, como pueden imaginar, contribuye cero valor, o tienen cero iniciativa, o demuestran cero esfuerzo. Hay otros que sustraen valor y otros pocos que añaden valor.

La corporación sobrevive, a pesar de que en promedio el valor agregado es cero, debido a que el modelo de negocios fue planteado tiempo atrás cuando la distribución tendía hacia la derecha (negative skew). Por ejemplo, una compañía farmacéutica goza de monopolio (o protección de patentes) de manera que no hay necesidad de que los trabajadores hagan nada extraordinario para generar utilidades. La gerencia y demás profesionales puede pasar todo el día en “business meetings” o creando presentaciones de PowerPoint ad nauseum y todo seguirá viento en popa (hasta que expiren las patentes).

Así llegamos al punto en el que la gran mayoría NO QUIERE HACERSE PROBLEMAS y es de mal gusto (y a la vez arriesgado en términos de seguridad laboral) disentir en reuniones, o tratar de promover discusiones.

Pero hay algunos pocos individuos en los márgenes de la población que -por orgullo o placer en la búsqueda de conocimiento o quizá simple paranoia de no sentirse ceros inútiles- estudian, piensan, persiguen ideas nuevas. Ideas producto de la investigación y la lógica.

En los estratos menos privilegiados de la corporación, estos individuos son confrontados con cliches como “if it ain’t broke don’t fix it” (“si la cojudez no está malograda, no la arregles”) y son catalogados como tipos problemáticos.

En estratos más altos, donde las discusiones son más “alturadas” y “estratégicas” el 90% de las veces uno se ve confrontado con la pregunta cuáles son las mejores prácticas de la industria, o la variante tienes un slide que muestre un estudio de benchmarking? o qué están haciendo nuestros peers?

Si uno no trae bajo el brazo ese maldito slide, ya se empieza el partido con un gol en contra. Pero esas mejores best practices son no más que eufemismo de la mediocridad y una expresión camuflada del “no quiero problemas por favor”.

Aquí dejamos nuestra diatriba porque tenemos que seguir trabajando en PowerPoint CSM.

Nadie mejor que Dilbert para capturar lo esencial.