(Mientras escribo este post he derramado la Coca Cola sobre el único pantalón limpio que me quedaba y aún quedan dos días de viaje)

Torpezas nos pasan a todos. Corrección: no nos pasan. Cometemos. Es parte de existir en este planeta como seres móviles. He visto incluso gatos cometiendo torpezas, aunque muy rara vez, y torpezas inocuas en cualquier caso.

Cuando se nos manchan la camisa y el pantalón nuevos porque de casualidad (por torpes) empujamos el vaso de Coca Cola que cae justamente sobre el extremo del tenedor que tiene pedazos de pollo con culantro y que reposa tipo sube-y-baja al lado del plato, y vemos los pedazos de pollo grasoso y hierbas en cámara lenta volar por el aire y caer en la camisa blanca y dejar todo manchado con grasa, y enseguida sentimos la Coca Cola helada derramándose sobre el pantalón gris, cuando todo eso sucede justo antes de una entrevista de chamba, no hay que sentirse un superdotado de la torpeza. Tampoco hay que pensar que es un defecto que puede superarse, porque el pensar así solamente conlleva a sentir más impotencia y auto-resentimiento la próxima vez que se comete otra torpeza.

Hay demasiados elementos y factores en constante movimiento en todo momento, es pretensioso y cojudo tratar de controlarlo todo… y después cuando uno fracasa venir a decir ES QUE ES UNA HUEVADA SER YO, SER YO TAMBIÉN ES BIEN JODIDO! BIEN JODIDO! Es una receta perversa y posiblemente letal.

Escuchen este corto audio de nuestro colaborador Fresita. Ahogándose en un mar de lamentos por una torpeza inocua (hacer una chanchada con tinta indeleble!!!). Por favor!

Minuto 1:45: ES BIEN JODIDO SER YO! BIEN JODIDO!