Una más del país de las maravillas: Obesidad Saludable

Bueno, qué decir. Una raya más al tigre en el país que usa el tiempo libre en consumir fast food y reality TV y debatir infinitamente sobre el color de un vestido.

El año pasado se publicó el siguiente artículo en time.com.

Lo curioso de esta situación es que el estudio intenta probar que no existe la obesidad saludable. Repetimos: se tuvo que armar un estudio para PROBAR que no existe la obesidad saludable. Es decir, la lógica, la deducción, la simple observación anecdótica diaria no fue suficiente. En temas de perder el tiempo en huevadas, los gringos siguen siendo campeones mundiales.

Todo está patas arriba. El que enuncia una hipótesis alucinada después de una sobredosis de prozac y lipitor (por ejemplo: existen obesos saludables) es quien debe demostrar con argumentos lógicos (y además sustentados por pruebas robustas) que su balbuceo no es una pichulada sino la realidad. No al revés.

Nosotros no podemos declarar “John Lennon y El Choclito están vivos; viven escondidos en algún rincón de África” y demandar que quienes duden de nuestra declaración prueben lo contrario. (Noten que lo mismo sucede con el tema religión).

Otro argumento inane en defensa de la obesidad saludable es “está bien, la obesidad NO es saludable, pero si les decimos a los obesos que SÍ pueden ser obesos y a la vez saludables, ayudaríamos con el autoestima, lo que al fin y al cabo mejorará la calidad de vida de los gordos y, quién sabe, también su salud.”

Ay Estados Unidos! Si no fuera por las visas F-1 y H-1, este país sería ya I Am Legend.

La Praxis Antidecadencia

El pasado diciembre visitamos a dos compatriotas que residen en la imponente Terra Australis Incognita. Pero como siempre sucede cuando uno no planea los itinerarios (escudándose en la poética excusa de “la falta de planeamiento es espontaneidad; espontaneidad es energía”), estuvimos a la deriva y terminamos encallando el día de Navidad en Airlie Beach, un minúsculo pueblo playero en el noreste australiano. No había ni mierda que hacer. Todos los locales de paquetes turísticos estaban cerrados con excepción de uno. Cuando entramos, la señora que atendía, sin siquiera saludar, dijo “es Navidad muchachos, no hay ni mierda que hacer, cómo se les ocurre”.

“Ni en Phnom Penh me han tratado con tanto desprecio”, dijo J, “que se vaya a la CSM esa tía! Vamos a la playa nomás”. Caminamos bajo el inclemente sol por varias cuadras hasta que llegamos a la playa. El agua se veía deliciosamente refrescante. Un chapuzón, uno solo era todo lo que pedíamos… pero no. Esto fue lo que se interpuso:

IRUKANDJI. Malaguas venenosas. Perdón: letales.

Adiós playa. Regresamos donde la tía para separar tours para el día siguiente. Al entrar la tía nos informó que había un bote de pesca a punto de salir y que sobraba espacio. Nos despojó del equivalente a $100 dólares gringos y nos indicó cómo llegar a la marina.

En el bote cabían 6 personas más el capitán. Uno de ellos era un petizo de mal genio que lo único que hacía era tomar selfies con su celular. Tenía orejas de coliflor y manos de cro magnon. Nos dijo que era el campeón mundial reinante de jiu jitsu y nosotros nos reímos. Su pata vino en su defensa y nos aseguró que el chato decía la verdad. “Y tú qué haces?” le preguntamos.

“Yo soy Navy SEAL”, contestó.

“No sé si creerle, pero por si acaso me quedo tranquilo”, pensé.

El bote partió y el ruido del motor cortó nuestra conversación. Treinta minutos después fondeamos y cada uno se puso a huevear con sus respectivas cañas y cordeles y carnaditas. Hasta que me aburrí y le pregunté.

“Y cómo así decidiste unirte a los SEALs?”

Ésta gema fue la respuesta:

“Es interesante. Desde niño he tenido demasiada facilidad para todos los deportes. De chibolo era demasiado bueno en todo con excepción de la natación. En natación no era excepcional; estaba por encima del promedio pero nada más. Así que decidí postular a los Navy SEALs para sufrir un poco y mejorar en el tema acuático. Más que nada como un desafío.”

“Muchísimas gracias por colaborar con cojudeces.com”, pensé. Pero lo extraño fue que el cojudo dio su explicación con un tono amigable, sincero y, paradójicamente, humilde.

Semanas después, de vuelta en casa, pensaba “ese cojudo quizá sea más falso que beso de madrastra pero es posible que haya algo de sabiduría entre tanta modestia”. Mi conclusión es que sí la hay, pero rescatable de otra manera. Así: entrar a una etapa prolongada de comodidad y tranquilidad es, en contra de toda apariencia, una etapa de decadencia. Personalmente he pasado años de comodidad. Pero ya no más. El cuerpo y el cerebro se atrofian. Desde hace tres meses hay tres cosas que cumplo religiosamente a diario: 1) ducha de agua fría en la mañana, para shockear al sistema, 2) programa de ejercicios intenso en el gimnasio o al aire libre, pero intenso, nada de cojudecitas, y 3) tomar algún tema que me interese y estudiarlo hasta saberlo todo. Esa es La Praxis Antidecadencia.

Me hubiese gustado haber conversado con el amigo SEAL hace diez años, cuando aún el daño cerebral era reparable.

P.D.: días después de Navidad, aburridos en un aeropuerto, googleamos el nombre del petiso y resultó que sí era el campeón mundial de jiu jitsu.