Estoy en el break room de la oficina. Hay una máquina de café y dos termos: dark roast y decaf. También hay un botellón de agua y anaqueles con platos y cubiertos descartables. Hay una caja de donuts venenosos que alguien amablemente quiere compartir. Al lado están los baños. El break room no tiene puertas y, mientras me sirvo una taza de café decaf, se oyen pasos que se acercan desde el pasadizo que da a las oficinas y cubículos. Pasos ligeros de mujer.

Es Laurie, analista de marketing.

Laurie: “hoy vamos con el equipo de marketing a nuestro almuerzo de navidad!” (‘holiday lunch’ para no herir susceptibilidades)

Yo: “almuerzo nomás? no hay fiesta?”

Laurie: “correcto, almuerzo nomás. Por qué? Ustedes van a tener una fiesta?”

Yo: “Desafortunadamente, sí. Nosotros TODOS los años estamos obligados a ir a DOS fiestas. Una fiesta en diciembre por navidad y otra en julio por ser verano. Siempre las hacen en casa de Liz (mi jefa) que vive a cuarenta minutos de la mía y en la dirección equivocada para colmo, hacia el medio de la nada. Si al menos viviera en Santa Monica, pero no. Uno tiene que manejar a provincia y sacrificar un sábado o domingo para ver las mismas caras que uno mira de lunes a viernes. Además requieren que cada uno llegue con un regalo para un juego bien cojudo llamado white elephant en el cual uno abre paquetes al azar y tiene que fingir que la está pasando de la csm. También nos piden llevar comida. Y hay vino y cerveza y alcohol de sobra y la gente se emborracha y todo se vuelve una pesadilla. Una prisión. Quieres desaparecer y no encuentras el momento propicio. Tienes que esperar a que alguien (generalmente alguien con hijos) anuncie su retirada para unírteles y poder escapar. Pero en ese preciso instante los borrachos te dicen que por qué te quieres ir, que cuál es tu excusa si tú no tienes hijos ni tienes a dónde ir (qué tal conciencia! No?), si la estamos pasando tan bien, o acaso no te estás divirtiendo? Y muchas veces uno por no caer mal decide quedarse un rato más y esperar a que la siguiente familia se despida y poder escapar con ellos. En resumen: UNA TORTURA. Y se me debe notar en la cara porque cada vez que me despido de Liz me agradece haber hecho el esfuerzo sobrehumano de haber aparecido, y en su tono de voz se sobreentiende que ella cree que es la primera vez que voy a una de sus fiestas, y en realidad he ido a TODAS!

(… pausa para tomar aire…)

Bueno, no a todas porque el fin de semana pasado fue nuestra fiesta y decidí no ir y poder DISFRUTAR de mi fin de semana. Una muy buena decisión. Qué opinas?”

Laurie me mira con sus ojazos y no dice nada, su mirada se pierde detrás de mí.

Laurie: “hola Liz”

Liz: “hola chicos, cómo están?”