Esta semana tuve mi visita semi anual al dentista. El procedimiento es siempre el mismo: esperas en el lobby, coges una revista y disimulas que estás leyendo, la higienista dental te llama y te conduce a la silla de la tortura, abres la boca, la higienista te conversa pero no puedes responder, así que solamente te queda balbucear “ajá” y asentir con la cabeza. El dentista llega, dice “todo se ve muy bien” y se esfuma. De pronto te encuentras de vuelta en casa cogiendo una bolsita de plástico que contiene pasta dental tamaño hormiga, medio metro de hilo dental, un cepillo de dientes con el nombre y teléfono del dentista, y una que otra huevadita más.

Abrí el último cajón del tocador y puse la bolsa al lado de bolsitas de visitas anteriores. Nunca servirán de nada.

El mismo día, por la tarde, fui por un corte de cabello. Al momento de pagar me entregaron una tarjeta con la fecha y hora de mi siguiente cita. Fue a parar a la guantera del carro para nunca más ser vista.

Bueno, no necesariamente nunca más. Sí llego a ver las cojudecitas. Las veo cuando no estoy buscándolas y hacen mi vida un poco menos feliz. Todas estas huevadas que crean desorden y que en algún momento tuvieron algo de valor, siempre trivial y efímero, y que uno las mantiene viviendo en casa mucho después de su fecha de expiración.

Qué haría Buda? Rechazarlas de arranque? Quizás aceptarlas y luego de inmediato despojarse fríamente de ellas? O qué tal designarles una fecha de expiración y tirarlas a la basura en dicha fecha?

 

Bolsitas de dentista

Teoría: serían muy útiles durante viajes. Realidad: el influjo excedo el uso… una sola bolsa puede usarse durante varios viajes.

 

Sachets de salsa de soya cuando pido sushi para llevar

Estos sachets se han proliferado en ya casi todos los cajones de mi cocina. Nunca los uso porque tengo una botella del poderoso Kikkoman shoyu en casa… lo mismo va con los utensilios de plástico. “Para llevar” significa para comer en casa donde hay electricidad, una mesa con sillas, utensilios de acero inoxidable, y YouTube. Solamente los cojudos comen en el auto.

 

Kit de viajero en vuelos en clase ejecutiva

Bueno, está bien, viajas en clase ejecutiva, te regalan tu kit de viaje y tú tan contento. Es reusable. Y entonces, la siguiente vez, aceptas el nuevo travel kit a pesar de tener contigo el del viaje anterior porque “y qué tal si este kit es más paja que el mío?”

 

Fortune cookie de hace siete años… todavía sobrevive en mi billetera

Strips de galletas de la suerte

Qué hacer con éstas es algo extremadamente delicado. Dejar la galleta de la suerte intacta? Irse del restaurante sin conocer tu futuro y, a la vez, ofendiendo ligeramente al dueño del restaurante? Muy difícil, porque una vez que sales del restaurante con tu fortune strip en las manos, no es fácil dejarla ir, se convierte en parte del futuro tú.

 

Tarjetas navideñas con fotos familiares

De éstas recibo muchas. Amigos, colegas, vendedores. La mayoría va a parar al tacho de basura ni bien las recibo. Pero algunas vienen con mensajes personales escritos a mano, o con lindas fotos de vacaciones familiares. Éstas son más difíciles de desechar. Las dejo que adornen mi oficina por un tiempo, y cuando me doy cuenta, ya es diciembre nuevamente.

 

Monedas. Pennies, dimes, nickles

En los Estados Unidos, solamente los quarters deberían sobrevivir. El resto es basura. La economía actual es casi 100% cashless.

 

Reminder cards

En la era de Google Calendar, Outlook, iCal, para qué carajo necesitamos reminder cards! En la era pre-Internet, para qué carajo necesitábamos reminder cards! Más allá de ser una sutil forma de cortesía, siempre fueron inútiles, al igual que el siguiente item de esta lista.

 

Business cards

El segundo cajón de mi oficina está dedicado a las infames business cards. Tengo miles. Conozco a alguien, intercambiamos tarjetas, la reunión concluye, la tarjeta va a parar al segundo cajón. Si por algún motivo necesito contactar a Fulanita de Tal, uso Google, LinkedIn, o le pregunto a alguien que conozca a Fulanita.

En algunas ocasiones, gente que conozco bien y con la que hago negocios frecuentemente me ofrecen su tarjeta. Apenas veo que van sacando la tarjeta del bolsillo del saco, los felicito por su ascenso… porque ésa es la única razón por la que lo hacen.

 

Bueno, that’s it for now. Estoy seguro de que hay decenas de cojudeces más que incluir en la lista. Habrá que refinar el olfato para identificar estas cojudeces de alto tonelaje, poco volumen, y trivial y efímero valor.