Cuando llegues, llama y quedamos

Una pequeña pero interesante diferencia cultural entre los Estados Unidos y el Perú (tal vez latinoamérica, pero no podemos generalizar)

Esta semana viajamos de visita a Lima, nos quedaremos tan sólo dos semanas. Hay tantas cosas que queremos hacer y tan poco tiempo que pensamos (alucinamos) ir programándolas con algún tiempo de anticipación. Enviamos varios emails, hicimos llamadas telefónicas a nuestros patas: “qué tal si nos juntamos tal día en tal lugar para conversar y tomar unos traguinchis”. TODOS nos contestaban los mismo: “de puta madre! Ya! Cuando lleguen a Lima me llaman y ahí quedamos.” Como si hacer la llamada desde Lima añadiera certeza a la cita, carajo. O, dicho de otro modo, como si una llamada de larga distancia restara credibilidad a lo que se dice.

Y no es que solamente hayan sido nuestros patas los que me chotearon; Clea necesita hacer algunas entrevistas y ha estado tratando de programarlas desde acá, pero todas estas organizaciones le han contestado: “ya, cuando llegues nos llamas y ahí vemos qué día y a qué hora hablamos.” Sólo una persona concertó la cita sin entrar en huevadas: el señor es gringo.

Tal vez en el fondo no nos gusta planificar, es más paja hacer las cosas informalmente, al champazo.

One thought on “Cuando llegues, llama y quedamos

  1. […] Estuve de visita en mi querida Lima La Horrible las últimas dos semanas, la encontré calurosa, húmeda, e inescapable pues en casa de mamá no hay aire acondicionado. Pasaron muchas cojudeces, como esta del salón de belleza: Ya que había comprado los pasajes con cierta anticipación (pero claro, programar encuentros con los patas fue imposible, ver “cuando llegues, llama y quedamos“), decidí no cortarme el cabello desde octubre y esperar hasta estar en Lima para ir a uno de esos sofisticados salones que pululan la ciudad y decirle al estilista “tú decide qué hacer, lo dejo en tus manos.” […]

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