Pero hay los que propinean toda la vida: esos son los imprescindibles

Dilbert Expense Report

La corporación nos da tarjetas American Express para gastos de negocio. Las usamos cuando viajamos por trabajo. Con el afán de simplificar la colección de transacciones y mantener bajo control los gastos y quizás abusos de los empleados, la política es la siguiente:

"Todo gasto incurrido durante el viaje, por más pequeño que sea, deberá ser cancelado con la American Express, excepto en situaciones en la que es estrictamente imposible usar la tarjeta de crédito."

Tip Jar

Tengo cuatro subordinados. Viajan varias veces al año a conferencias y entrenamientos y demás cojudeces inventadas. Al regresar tienen que preparar un reporte de gastos que reviso y apruebo. Luego se efectúa el reembolso.

Estos cojudos. Los cuatro. Tienen personalidades y hábitos muy y tan diferentes, y sin embargo una característica comparten al milímetro: en cuanto a propinas se refiere, son más generosos que la Fundación Gates. Sus reportes de gastos están plagados de propinas que deben serles reembolsadas. Propinean al taxista, al huevón que les abre la puerta del taxi cuando llegan al hotel, al tipo que les lleva las maletas (cuándo caraxo he dejado que me lleven las maletas!), a las chicas que limpian los cuartos, a lustrabotas, a strippers, a mendigos y hasta en Starbucks.

Qué sería del mundo sin el altruismo y desprendimiento de algunos pocos. Como recita Silvio en Sueño con Serpientes: hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que propinean toda la vida: esos son los imprescindibles.