Ustedes dos, a mi oficina!

Shawshank Redemption

Hoy llegué tarde al trabajo. La ruta más corta entre mi auto y mi oficina me obliga a pasar delante de las oficinas de mi equipo, pero no delante de la de mi jefa. Todos simulaban estar ocupados poniendo cacharros serios. Alguno de mis jefes, alguna vez dijo que si alguien sonreía era porque no tenía nada que hacer. No estoy de acuerdo con él pero es obvio que ésa es la impresión que se tiene en general.

Y hoy además salí temprano del trabajo. Lo extraño y perturbador es que me dio vergüenza pasar delante de mis pupilos y tomé la ruta alterna: larga, tediosa y hasta un poco sucia. Algo así como la ruta de escape en The Shawshank Redemption. Todo para evitar que me vean salir. Mi jefa, en cambio, no tiene esos problemas. Oigo el ruido de sus llaves, el chasquido del candado de su puerta, miro la hora (4pm) y luego la veo pasar.

Cuando llegué a mi auto me pregunté el porqué de mi timidez. Las explicaciones predecibles y demás cojudeces (el empleado modelo trabaja hasta tarde, el jefe tiene que dar el ejemplo, etc.) me dejaban insatisfecho. De pronto comprendí el capricho, la peculiaridad que está grabada en mi inconsciente: IBM del Perú.

En mis épocas de estudiante de la U de Lima, solía proclamar que el trabajo denigra al hombre (es evidente que la cojudez es innata en mi caso) y por lo tanto demoré lo más que pude el tema de las prácticas pre-profesionales. Pero sin prácticas no hay graduación, así que finalmente ingresé al mundo laboral gracias a IBM.

Me colocaron en el área de proyectos, específicamente en el Proyecto Reniec que quedaba en el centro de Lima. Quise quejarme: "escogí IBM porque queda a cinco cuadras de mi casa y ustedes deciden mandarme al Reniec" pero me aconsejaron mantener el hocico cerrado. Era el inicio del proyecto, éramos demasiado pocos, y todos nos garcábamos de miedo de Himmler (el gerente). Su oficina quedaba a la entrada de nuestro piso; es decir, había que pasar frente a ella para poder salir.

Era imposible. Nadie se atrevía.

Un gran día, Erwin Romelio Delgado encontró el ascensor de servicio. Quedaba en un lugar recóndito de nuestro piso, y nos dejaba directamente en la calle. Era un milagro, como el teletransporter de Star Trek, y cuando salimos a la calle no podíamos dejar de reír. Nos sentíamos como la voluntad general de los pueblos y la justicia de su causa que Dios defiende. Guardamos el tema del ascensor en el más perfecto hermetismo. Éramos libres, éramos hackers, éramos el Che y los Rolling Stones y Erwin el Zorro de la Plaza Gastañeta.

Al cuarto día Himmler nos esperaba frente al ascensor. "USTEDES DOS, A MI OFICINA", ordenó.

Ahora comprendo por qué escojo el camino difícil, el trecho caleta. Heil!