Quedaba demostrada la superioridad del organismo de los peruchos

Pierre sucumbiendo ante la potencia de la cocina Bamar

Pierre sucumbiendo ante la potencia de la cocina Bamar

El Lonely Planet Maynmar advierte: "la cocina birmana tiene la reputación de ser aceitosa... uno de los placeres de una auténtica cena birmana es la generosa variedad de platos servidos en una sola comida, algo que podría desafiar a la comida tailandesa."

Era nuestra segunda noche en el Lago Inle, en Myanmar (o Birmania, o Burma, como quieran) y quizá nuestro décimo día recorriendo el país. Pierre, J, y yoni pacheco habíamos pasado doce horas circunnavegando (en bicicleta) el lago. Sobrevivimos a punta de coca colas y, cuando nos alejamos del pueblo, de las bebidas locales. Nunca pensé visitar un lugar en el que no vendan coca colas.

El pueblo que nos alojaba no contaba con restaurantes como los que conocemos. Los lugares para comer eran extensiones de casas en las que servían no más de tres platos. La selección era pollo, chancho o nada. Pero esa noche conocimos la hospitalidad birmana. Era tarde y ya todos los locales estaban cerrados, pero gracias a Buddha quedaba uno con las puertas entreabiertas.

Entramos.

Pedimos chancho, chancho y chancho. Éramos los únicos clientes. Minutos después de traernos la comida (tres platos con chancho y arroz), el hombre a cargo del comedor, junto con dos mujeres, armaron a nuestro lado una mesa redonda. Llegaron niños y niñas y se sentaron a la mesa. Era el banquete diario que compartían después de cerrar el restaurante. Seis platos diferentes acompañados de seis guarniciones. Nosotros comíamos en silencio, el hambre no nos dejaba hablar las cojudeces de siempre. De pronto alguien posó un plato sobre nuestra mesa, luego otro, y otro más. Esta bonita familia decidió adoptarnos aquella noche y, a pesar de no compartir el idioma, nos hicieron sentir en casa. Algo que nunca olvidaremos es la hospitalidad de la gente de la gran Burma (o Birmania, o Myanmar).

Al día siguiente partimos en canoa en busca de gatos amaestrados. Partimos antes de que saliera el sol, y desde ese momento quedaba demostrada la superioridad del organismo de los peruchos. J y yo sanos y fuertes como siempre, mientras que Pierre, habiendo crecido bebiendo agua Perrier y escuchando a Nana Mouskouri en Bruselas, se doblegaba (literalmente) frente al poderío de la cocina birmana.

(Lo mismo ocurrió en la India: los peruchos nunca fueron derrotados... Delhi Belly? Jamás!)