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Online Dating… De Nuevo

Posted by cojudeces | On: Nov 27 2011

Nuestra pequeña desventura con la ilusionista fue una breve caída a la lona pero no un knock-out. Unas semanas después volvimos a la contienda. En el colegio nos enseñaron a no darnos por vencidos, a perseverar. Perseverancia = Masoquismo.

Salir en primeras citas es una actividad, a nuestro parecer, bastante costosa. Aquella salida con la maga del photoshop fue una excepción en muchos aspectos, incluyendo el hecho de que fuimos a ver una película y que ella contrabandeó una botella de vino, lo que mantuvo el costo total de aquella noche debajo de los $50, gasolina incluida. En cambio nuestras siguientes salidas (nos sentimos orgullosos de que ya no nos agarran de cojudos con “face pics only”) han sido todas a restaurantes, y en todas las ocasiones hemos sido nosotros los que terminaron pagando la cuenta, y todas las cuentas marcaron una cifra muy elevada. Algunas mujeres, las más decentes, hacen el amague de que buscan sus monederos a la hora de pagar la cuenta y, antes de que uno termine de pronunciar las palabras “no te preocupes, yo invito”, ellas ya dijeron “ok, muchas gracias”. Otras buscan el monedero pero sacan tissue paper o el lápiz labial. Algunas se van al baño y, las menos elegantes, se quedan mirándote como diciendo “ya pues, paga la cuenta pues cojudo”.

Hemos llegado a la conclusión de que salir a cenar en una primera cita es otra modalidad de estafa. En poker, uno paga una suma módica por el derecho a ver las cartas, y solamente después de haber visto las cartas y haber evaluado probabilidades, decide uno la magnitud de la apuesta. No al revés. Nos han tocado buenas y malas manos, manos aburridas, manos calientes, manos altas, manos bajas, manos ladillas, manos neurasténicas, manos sonrientes, y todas todas todas costaron lo mismo la primera vez.

Esta sutil modalidad de embauque solamente se da usando servicios de online dating. Culpable es el hecho de que uno no pueda ver a la otra persona en vivo y en directo sino hasta el día de la primera cita, y cuando uno con toda la inocencia pregunta qué te gustaría hacer, ellas inequívocamente dicen ir a cenar a un “nice upscale restaurant”.

Nunca más.

Nuestra última salida fue a un restaurante de tapas en Hollywood donde fuimos interrogados durante cuatro horas acerca de nuestro trabajo, nuestra infancia, nuestros amigos, nuestros planes de corto y largo plazo y etc. etc. Quisimos llamar a un abogado para que nos represente pero nos dijeron que no era posible. Así que no nos quedó más que responder y responder y pensar por qué nos está interrogando de manera tan implacable esta chica que con cada pregunta se vuelve menos atractiva (a pesar de los mojitos) y más triste.

Al día siguiente continuó la interrogación, esta vez por correo: “hola… la pasé muy bien y bla bla bla pero cuando te pregunté directamente sobre temas muy personales percibí que no te sentiste cómodo y que evadiste mis respuestas. Quiero saber por qué, y quiero saber si deseas salir conmigo nuevamente.”

Después de leer el mensaje, estábamos más emocionados por ir al dentista que por volver a ver a esta linda chica. Pero le respondimos de todos modos: “la pasamos bien también bla bla bla y tienes razón: no encontramos particularmente cómodo el hablar de temas privados cuando apenas conocemos a alguien y menos cuando huele a jamón con chorizo. Y sí. Sí nos gustaría volver a salir (mentira, pero dijimos que sí debido al dolor por haber gastado tanto villegas en la cena).”

Respuesta: “gracias por responderme, bla bla bla… dices que quieres volver a salir conmigo pero no dices ni cuándo ni dónde, me pregunto si de verdad quieres volver a verme.”

Al leer este mensaje a las 2pm, pensamos CSM. Esta noche, llegando a casa, le decimos gracias pero no gracias y hasta la vista, baby. Pero no fue necesario porque a las 3pm nos envió otro mensaje: “he estado pensando mucho y creo que no somos compatibles, así que buena suerte y hasta nunca!”

O sea que fue ella la que nos choteó.

Los dejamos con el maestro Larry David “picking up” en un café.

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