Ni soltero ni viudo ni divorciado - Episodio IV (cont.)

Jim Morrison - Venice Beach
4 de Julio en la estrafalaria Venice Beach, sentados alrededor de una canasta de picnic con vino y alguna otra bebida alcohólica se encontraban todos ellos: Kathy, Kevin, Greg, Beth, y Steph.

Hice las presentaciones del caso, cuidando mucho de no revelar el estado civil de Clea, luego nos hicieron espacio para entrar en el círculo. Kevin a mi lado derecho, Clea al izquierdo, y Greg al lado izquierdo de Clea.

Para mi buena fortuna, llegamos justo en medio de una conversación-raje acerca de un tal Matt que vivía en Irlanda con su enamorada desde hacía más de diez años y nadie entendía por qué diablos no se casaban. Yo andaba más palteado que perro en camioneta sin baranda y sólo me limitaba a asentir, a sonreír, y de vez en cuando soltar una que otra expresión monosilábica. Clea al parecer también estaba tensa, porque no decía nada. Solemnemente esperábamos la pregunta que se asomaba tan casual: “¿Y ustedes qué piensan? Su situación es parecida, ¿no es cierto?”.

Pero el raje continuaba y mi agonía también, cada interjección era como un bachecito en el que rebotaba mi alegre camioneta... pero después de un rato la conversación se disipó y nadie nunca preguntó nada! Pienso que no lo hicieron porque era la primera vez que veían a Clea y no sintieron la confianza suficiente como para tocarle el tema del matrimonio ni para felicitarla por no creer en el polémico contrato ni mucho menos para contarle que hacía unas semanas estuvimos borrachos brindando a su salud.

Dejaron de lado a Matt y el grupo se dividió en grupitos, Kevin a mi derecha empezó a hablarme de cómo le gustaba correr tabla y que por aquí y por allá y yo le seguía la conversa porque tengo la ilusión de correr tabla en California algún día. A mi izquierda Clea conversaba con Greg y yo tenía una de mis orejas escuchando a Kevin y la otra escuchando a Greg y Clea -recuerden que fue Greg quien se emocionó hasta las lágrimas al saber que Clea no quería casarse.

Kevin se exaltaba cada vez más con el tema del surfing y yo ya tenía las dos orejas apuntando a Clea y Greg que le preguntaba “¿y tú cómo decidiste venir a los Estados Unidos?” y Clea que le contestaba “porque quería estar con mediodiablo que se fue a Michigan hace varios años” y Greg que le seguía preguntando “¿y hace cuánto tiempo andan juntos?” y Kevin que muy emocionado seguía hablando “... y llámame nomás, yo te llevo y te presto una tabla, nos vamos a Malibu y...”, y Greg que comentaba “debes querer mucho a mediodiablo para andarlo siguiendo por todas partes” y Clea que decía “más o menos nomás” y Kevin que notaba que hacía un buen rato yo no hacía más que asentir con la cabeza cuando no había nada sobre qué asentir y entonces se resentía y me decía “oye, ¿me estás escuchando o estoy hablando solo?” y yo asentí una vez más y el maldito hizo un gesto de malestar y volteó a hablar con Kathy de cualquier cosa.

Mi paseo en camioneta duró un buen par de horas, pero para mi fortuna, el alcohol se acabó rápido y nadie sintió sus efectos y nadie se atrevió a comentarle ni a preguntarle nada a Clea. Nos despedimos felices, el del surfing no se despidió.