Ni soltero ni viudo ni divorciado - Episodio I

 

Escena de The Royal Tenenbaums, una de nuestras pelis favoritas.

 

Vamos a ir publicando esta tragicómica historia de mi inocente mentira a medida que los episodios se sucedan, pues aún no termina y no tengo la más minúscula idea de cómo acabará (tengo toda la esperanza). Después del episodio de ayer, que vendría a ser el 4to episodio, decidí escribirlos antes de que mi memoria los retuerza.

He elegido pseudónimos para los protagonistas, pues hace un par de días me enteré de que Kathy entendía español y por ahí tal vez uno nunca sabe si de repente.

Episodio 1: ni soltero ni viudo ni divorciado

Un buen día, hace ya varios meses, me encontraba hueveando en myspace.com, mirando los perfiles de las chicas de entre 25 y 42 años (sí, me gustan las tías, a quién no!) y así por orden de azar di con Kathy, 34 años, Santa Monica. Entre sus pelis favoritas vi algunas de Wes Anderson y David Lynch, así que me dije “yo mismo soy” (¿fue el refinado Miguelito Barrasa quien acuñó esta frase?) y envié una tristísima pick-up line que decía algo parecido a “qué pasó Kathy? Por qué excluiste Bottle Rocket y Wild at Heart de tus pelis favoritas?”, y que seguramente Kathy entendió “por favor te suplico que te apiades de este patético engendro y me respondas por cortesía” porque, contra todo pronóstico, me contestó!

Yo le contesté y ella volvió a escribir y así nos volvimos amigos cibernéticos, pero había una pequeñísima falsedad en mi perfil de myspace.com: yo aparecía como SOLTERO (ojo que, otra vez, al igual que con lo del anillo, Clea lo sabe y no se molesta porque es super cool -tengo que franelearla si no me meto en problemas!). Cada vez que leía un nuevo mensaje de Kathy me impresionaba su forma de escribir tan irónica y yo pensaba “cuándo nos conoceremos en persona?”, hasta que un día le pregunté si le gustaría reunirse conmigo a tomar un cafecito, y accedió!

Nos conocimos en vivo y en directo un sábado a la 12:30pm en un café de Santa Monica; ella escogió el lugar y el día, y yo la hora. Nótese lo inusual de la hora que propuse, quién va a tomarse un café a las 12:30 cuando se le revuelven las tripas del hambre! Hasta ahora no le he preguntado qué pensó cuando le dije que a las 12:30, pero yo tenía mis motivos: Clea iba a clases de portugués los sábados de 9am a 1pm, llegaba a casa a eso de las 2pm, y yo no pensaba comentarle acerca de mi rendezvous, pero como siempre, la noché anterior abrí el hocico. Mal comienzo, además llegué tarde, como a la 1pm y, por supuesto, Kathy no estaba tomando café sino almorzando un sandwich. La reconocí a pesar de sus lentes oscuros: rubia, delgada, aspecto bohemio.

Yo había ido con la misión de decir que no era soltero ni viudo ni divorciado (noten cómo evito escribir la palabra ca-sa-dddd...), siempre y cuando la situación se preste. Hablamos durante horas como viejos amigos, me sentía tan cómodo y deslumbrado frente a esa interesante mujer hasta que hice el infame comentario de que en la cultura latina o tal vez en la mediterránea cenar era una actividad más social que fisiológica y que necesitábamos siempre cenar acompañados, nunca solos; lo que generó en ella la siguiente interrogante: “¿y entonces quién te acompaña a cenar todas las noches? ¿la televisión?”.

Reconocí el momento, era mi oportunidad de decir eso de ni viudo ni divorciado ni soltero, pero hubo algo ahí entre la orden que dio mi cerebro y lo que finalmente salió de mis labios, hubo algo que desvió el tráfico y terminé diciendo: “no, la tele no, vivo con mi e-na-mo-ra-da.” Nos quedamos callados, sentí vergüenza, y Kathy pobló el incómodo momento con temas diversos y una hora después nos dijimos hasta pronto.

De regreso a casa trataba de entender porqué dije eso, por qué, desde que empezamos a intercambiar mensajes, mi amistad con Kathy se basaba en intentos mudos de “confesar” mi estado civil. “¡Qué cojudez!”, pensaba, “tanto drama por esto del estado civil, como si fuera gran cosa, si se trata de algo externo, impuesto por la torpe sociedad, desde aquí adentro no hay diferencia entre enamorada y esposa...” Tal vez inconscientemente me sentía atraído hacia Kathy y por eso di esa respuesta tan agua tibia.

Esa tarde llegué a casa y le comenté a Clea lo ocurrido, su comentario fue “qué triste tu vida” y continuó revisando su email.

Pero este fue tan sólo el inicio de mis penurias con Kathy, mis siguientes interacciones con ella han ido complicándolo todo cada vez más, el cumpleaños de Kathy fue una noche alucinante y trágica para mí, y la narraré en el siguiente post.