Cojudeces de la mudanza

El jueves nos mudamos vecindario, de la tranquilidad suburbana de Oak Park, a Woodland Hills, donde hay mucha más gente y cemento por todas partes. Si algo tiene de peculiar esta ciudad, es que forma parte del San Fernando Valley, que es algo así como la capital mundial de las películas porno... un trabajito part-time no caería nada mal. La compañía de mudanzas nos envió tres tipos, uno israelí, otro gringo y, por supuesto, el tercero era mexicano. Clea estaba en la oficina, yo me había tomado el día libre y trataba de ayudar a los de la mudanza que me decían no necesitamos ayuda por favor somos profesionales no nos jodas, así que salí a dar una vuelta, no había nadie por ahí, así es Oak Park, un barrio apacible, sólo una rubia de unos cuarenta años iba de la mano de una pequeña niña, caminaban delante de mí, ¡qué buenas son las tías aquí en LA!, pensé, cómo no nos hacemos amigos... y ahí fue que diosito me escuchó porque la rubia dio un mal paso, se torció el tobillo y rodó por el suelo. Yo todo imbécil, en vez de pensar "¡gracias, ésta es mi oportunidad!", pensé "¡carajo no hay nadie más en la calle, voy a tener que hacer algo!", qué falta de killer-instinct por dios.

Me acerqué, la chica aún en el piso casi lloraba de dolor, y la única estupidez que brotó de mis labios fue: "¿estás bien?" Me miró asadaza y dijo "¡NO SÉ!". Mi cabeza buscaba la frase apropiada pero no daba con nada, sabía que quería su teléfono, conocer su depa y todo lo demás, pero dependía de mi siguiente frase. Como no salió nada de mi corcho cerebral, estiré la mano para ayudarla a reponerse, pero la tía no me vio y se puso de pie dejándome hecho un cojudo con la mano estirada, pero enseguida se dio cuenta y trató de arreglarla dándome la mano, así que me sentí más cojudo aún cogiendo su mano, ambos de pie. Ella también se sintió incómoda, no hablábamos, mi cerebro había hecho corto circuito (hasta ahora que escribo estas líneas me da roche), yo ya quería largarme de ahí y supongo que ella también quería que me largara, pero cómo iba a irme sin decir nada, un rato más de incómodo silencio tuvo que pasar para que la rubia dijera: "voy a estar bien, no te preocupes", y por fin me fui, aliviado, ¿qué imbécil, no?

Después me puse a pensar acerca de lo que debí decir y hacer, la próxima vez que una rubia de 40 años se doble el tobillo y yo ande pasando por ahí, las cosas serán diferentes!

Regresé a mi depa y sentí que uno de los tipos (el gringo) me miraba raro, yo pensaba qué le pasa a este cojudo que en vez de trabajar está que me mira y mira, quizá vio por la ventana el episodio de la rubia, qué vergüenza. Me dirigí a la cocina a servirme un poco de agua y ahí descubrí porqué tantas miradas: por culpa de Clea! Al parecer había donado plata a una organización sin fines de lucro, a ella le gustan esas cosas, bueno, pues esta organizacioncita se llama "The Gay and Lesbian Center" y le había enviado de regalo una insignia magnetizada que dio a parar en la puerta de la refri. "Si tienen sed, en la refri hay gaseosa", les había dicho a ellos cuando llegaron. Sin que me vieran, despegué la insignia y la guardé en mi bolsillo, pero ya la habían visto.