De pendejos a cojudos - Aló Gisella

El plan para tirarnos la pera había sido planeado con varias semanas de anticipación, cada detalle discutido hasta el cansancio. Cuando llegó el día, todo funcionaba como un reloj suizo, nos encontramos en el desaparecido gimnasio JC, que quedaba a cinco cuadras del cole, cambiamos nuestro aburrido uniforme escolar por "ropa de calle", y nos largamos a Miraflores; en el camino hicimos una parada en un colegio de diez alumnos al que fue a parar Diego después de que lo botaron del nuestro por llegar perseverantemente tarde todos los días, intentamos sacarlo pero los profesores no creyeron nuestro cuento. Fano, Puñete y yo llegamos al parque Kennedy y ahí se jodió la cosa; todos los profesores en ese momento se hallaban en el refectorio, almorzando y hablando sus intrascendentales cojudeces, cuando Aló Gisella anunció su rochijuego, era el año 1993:

 
 

Noten cómo Gisella dice que el premio fue una caja de leche y una máquina de afeitar! ¡A nosotros nos estafaron diciendo que el ganador se llevaría 50 dólares! Y el juego ya había terminado y el chino era el ganador, cuando de la nada apareció ese extraño individuo y el estúpido que conducía el juego lo declaró ganador a pesar de que el público hizo evidente su protesta ante aquel indignante fallo.

El lunes siguiente, en plena formación, los profesores del glorioso colegio de los Sagrados Corazones Recoleta hicieron mofa pública de los tres cojudos que se creían tan pendejos que se hicieron famosos. No nos impusieron ningún castigo, sólo se meaban de risa cuando nos veían. Hubert Lanssiers se acercó al Mediodiablo y, con esa exquisita acidez que lo caracterizaba, pronunció la frase que nos cambió la vida: "si los cojudos fueran aviones, tú serías el jefe del escuadrón".