En monedas no se da propina

Estuve de visita en mi querida Lima La Horrible las últimas dos semanas, la encontré calurosa, húmeda, e inescapable pues en casa de mamá no hay aire acondicionado. Pasaron muchas cojudeces, como esta del salón de belleza: Ya que había comprado los pasajes con cierta anticipación (pero claro, programar encuentros con los patas fue imposible, ver "cuando llegues, llama y quedamos"), decidí no cortarme el cabello desde octubre y esperar hasta estar en Lima para ir a uno de esos sofisticados salones que pululan la ciudad y decirle al estilista "tú decide qué hacer, lo dejo en tus manos." Una de mis hermanas me dijo "anda a Bambú, en el centro comercial El Polo y pregunta por Mico". Fui como quien no quiere la cosa, Clea me acompañó y apenas entró a Bambú decidió depilarse todo el cuerpo, así que la llevaron al segundo piso y a mí me dejaron sentado, indeciso. Frente a mí, una señora y su hija adolescente eran acicaladas por un pata de pinta sofisticada, uno o dos tatuajes tribales en el antebrazo, peinado desordenado pero bacán, "este debe ser Mico", pensé. A los cinco minutos mamá e hija salieron felices y radiantes, yo me puse de pie y pregunté "tienes tiempo de cortarme el pelo?".

Dije lo que había planeado y contestó "encantado, veamos qué podemos hacer con tu pelo". Hablábamos las cojudeces rutinarias y yo pensaba "qué paja corta el pelo este huevón, no como las trasquiladas de cinco minutos y veinte dólares que he venido recibiendo mes tras mes, voy a darle una buena propina." Resultó que él no era Mico sino Víctor Manuel, y mientras me explicaba cómo usar el gel ("tienes que echarlo en todo el cabello, no sólo arriba, para cubrir estos huesos prominentes", refiriéndose a un defecto en mi cráneo que Clea cariñosamente llama "cóccix") pasó una señora toda regia que le dió mil gracias y puso en la mano de Víctor Manuel un billete de 20 dólares. Me quedé cojudo, cómo iba a dar tanta propina, acaso éstas eran las costumbres limeñas? Pucha, ahora si le daba cinco soles me iba a escupir... "veinte soles", pensé, sí, veinte luquitas lo dejarían feliz. Continué mirando cómo Víctor trajinaba con las tijeras, "estoy ahorrando mis propinas para irme a Argentina", comentó entusiasmado. Hablamos más cojudeces, me lavaron el cabello, Víctor dio el toque final con el gel y listo. Pagué en caja, el corte costó 30 soles y me dieron de vuelto un billete de 20 que serían destinados para el viaje a Argentina de Víctor Manuel; pero en ese momento Clea bajó y me pidió 10 soles para la propina de la chica que la había atendido. - Lo siento, estos 20 son para Víctor Manuel que me ha cortado el pelo de la putamare. - ¿Cómo vas a dar 20 soles? 10 son más que suficientes -susurró Clea para que nadie oyera. Le di la razón a Clea, no le mencioné lo del billete de 20 dólares que me había puesto presión propinesca, y pedí a la cajera que por favor cambiara el billete de 20 por dos de 10 soles. "No tengo", contestó, y enseguida gritó "¿alguien tiene cambio de veinte soles?". Carajo, ahora Víctor Manuel sabría que estoy cambiando el billete para rebanar su propina por la mitad. Se acercó una de las estilistas, decía tener cambio, me alcanzó un billete de S/10, Clea los tomó. "No tengo otro billete de diez soles, pero tengo monedas", comentó y enseguida mis manos estaban llenas de monedas de todas las denominaciones. "Si aunque sea me hubieses dado dos monedas de cinco", pensé, y dije gracias. Cerré el puño que contenía la propina de Víctor Manuel. Al lado de la puerta había un sofá, en él estaban sentados varios, entre ellos mi estilista y la de Clea. "Pero cómo le voy a dar la propina en monedas, eso es muy rochoso, se puede ofender", pensaba yo, "estoy seguro de que él preferiría recibir veinte soles en billetes que treinta en monedas." Mientras todas estas estupideces rondaban mi cabecita recién despeinada, Clea se adelantó y entregó su propina, en un billete, claro. La chica le agradeció, se sonrieron y Clea salió del salón. Me detuve frente a Víctor Manuel, vio mi puño, hicimos contacto visual, dije gracias y salí con las monedas en la mano.

Pensé buscar algún lugar en el que cambien mis monedas por un billete y regresar y dárselo a Víctor Manuel, disculpándome, agradeciéndole, pero ya el momento había pasado, sería de mal gusto, incómodo, como regresar a reírme de algún chiste pasado.

"¡Ya sé!", le dije a Clea, emocionado. "¡Un día antes de viajar de regreso, pasaré por Bambú, le pediré que me retoque el pelo, y le daré no diez ni veinte, sino treinta soles de propina!" Eso hice, volví y lo encontré. Me reconoció pero me pareció no encontrar entusiasmo en su semblante. Tomé asiento en la butaca y cuando vi su reflejo acercando las tijeras coléricas a mi cabeza, pensé "¡este hueón se va a vengar!".

- ¡Víctor, espera! Te voy a dar treinta soles de propina, es que la vez pasada me olvidé. - Gracias, pero por qué tienes que aclarar que vas a darme propina? ¿Crees que voy a aplicarme más si sé que voy a recibir propina? - No, Víctor Manuel, no te molestes. Es que como la vez pasada me olvidé y... - Por favor retírate, no quiero cortarte el cabello. - Pero Víctor, no quise ofender... - Por favor, por favor, plis. Si alguien conoce a Víctor Manuel, por favor díganle que me perdone, no fue mi intención.