Hípica - Trigal: Clásico Selección de Potrillos, 1990

En su breve visita a Lima, su servidor Mediodiablo tuvo el privilegio de desempolvar esta joya de los anales del Hipódromo de Monterrico. Se las presentamos con mucho orgullo y nostalgia.

Allá en 1990, un hermoso pura sangre llamado Trigal, perteneciente a Teru, abuelo del Mediodiablo, ofreció una emocionante y romántica carrera. Como Rocky I, no ganó, y de ahí el romance quizá.

El potrillo era poco conocido, y por eso no estaba entre los favoritos. Antes de la carrera, Teru junto con el preparador Jorge Toutin, recomendaron al jinete que mantuviera a Trigal al final del grupo y que tratara de atropellar al final, el caballo había respondido bien en las prácticas.

El día de la carrera, los propietarios de pura sangre estaban reunidos, como de costumbre, en el cuarto piso de la Tribuna de socios del Jockey Club del Perú. Teru y sus amigos tomaban whisky, esperando ansiosos que llegara el momento del clásico, “habrá entendido bien este cojudo?”, pensaba Teru, refiriéndose al jinete.

Finalmente se dio la largada, vean el video aquí abajo. El jinete de Trigal viste casaquilla color verde agua.

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Cuando vieron que Trigal quedaba en último lugar al darse la partida, todo iba como lo habían planeado, pero luego Trigal siguió quedándose y quedándose y al final andaba a 100 metros del penúltimo pura sangre. Noten cómo el narrador dice “fuera de carrera Trigal!”, lo daban por muerto al pobre, y Teru quería meterse debajo de la mesa o esconderse en el baño por la vergüenza. Al girar la última curva, Trigal seguía lejos del grupo, y Gerardo, amigo de Teru, dijo en voz alta “parece que se acerca! Está atropellando!”. A Teru le dió más vergüenza que Gerardo anduviera vociferando y le dijo: “¡cállate oye cojudo, no me hagas pasar más vergüenza!”...

Y entonces vino lo conmovedor: Trigal comenzó a coger más y más velocidad, parecía que volaba. Alcanzó al grupo, avanzó y avanzó y de haberle dado veinte metros más hubiera llegado en primer lugar. Fue placé, pero no importó entonces y no importa ahora. Se armó una fiesta en la tribuna de socios, no por Orizonte que terminó en primer lugar y fue una sorpresa, sino por el segundo lugar Trigal que con su atropellada fenomenal se había ganado el corazón de los verdaderos hípicos.

La pregunta que hasta ahora ronda nuestras cabezas es “qué carajo estaba pensando el jinete para traerlo tan lejos del grupo?”. Bueno, si no lo hubiese traído tan lejos tal vez Trigal ganaba pero el clásico no habría sido tan apasionante ni tan romántico. Salud!