Incomodidades del mundo oficinesco

Hoy quiero hablar un poco sobre el baño de la oficina y de cómo un cojudo tímido como yo tiene que recurrir algunas veces a ciertas extravagancias para sentirse en paz; extravagancias que no serían necesarias si no fuera un cojudo tímido, sino uno de aquellos cojudos que se cagan en la nota. Pongamos las cosas en contexto para comenzar: mi oficina es un lugar completamente limpio y antiséptico (recordemos que es el primer mundo), en otras palabras, hay pocos latinoamericanos. Esta última frase es como mitad en serio y mitad en broma, la mitad seria la constaté con tristeza hace un mes, cuando estuve en Puerto Rico visitando las oficinas que acabábamos de construir e inaugurar, todo parecía de primera, diseñado con muy buen gusto e incluso con un poco de exuberancia... hasta que me dieron ganas de hacer pichi.

Los baños que no tenían siquiera un mes de uso ya estaban en pleno camino hacia una conversión a baño de estadio nacional peruano. Los baños estaban "encaminados" (recuerdo que hace un tiempo mi abuelo llamó y preguntó si yo ya estaba "encaminado", como para que dejara de preocuparse por mí, yo le contesté sí papapa ya estoy encaminado... encaminado a la mierda).

Bueno, yo siempre con esta costumbre de irme por las ramas; vuelvo a coger el hilo del relato y como estaba tratando de poner las cosas en contexto diré que los baños mi oficina son muy limpios y muy nuevos y huelen bien todo el tiempo, hasta que llega uno de esos cojudos que se cagan en la nota. Aquí la expresión "se cagan en la nota" no podría ser más precisa, este tipo de cojudos entra al baño, lo ve a uno lavándose las manos y saluda, sonríe, conversa mientras abre la puerta de la casilla y, a los pocos segundos, empieza un bombardeo implacable que lo hace a uno salir corriendo del baño, asustado, con las manos todavía mojadas. Otras veces, uno se encuentra al cojudo que se caga en la nota cuando está de salida, uno entra al baño que siempre huele bien y de pronto hace una pausa, aguanta la respiración y trata de lavarse las manos sin respirar, secárselas sin respirar y largarse cuanto antes para poder respirar, mientras tanto, el cojudo jala la palanca, sale de su casilla, dice ¡hola compadre qué bueno está el clima!, se lava las manos y se va, silbando. Así son los cojudos que se cagan en la nota; de mis amigos más cercanos, creo que solamente Jano es uno de ellos.

Pero los cojudos tímidos no somos así, y se nos complica la cosa. Hoy, por ejemplo, me dieron ganas de cagar. Los baños son tan limpios y tan nuevos que el hecho que den ganas de cagar puede llegar a ser una buena noticia, pero, peeeero hay muchas variables en juego, mencionaré algunas que se presentaron hoy:

  • A los cojudos tímidos no nos gusta la compañía: entré al baño y lo primero que hice fue agacharme y ver si no había nadie más en plena meditación, mala suerte: divisé un par de zapatos, tobillos... regresé a mi escritorio a esperar un rato.
  • A los cojudos tímidos no nos gusta que nos vean entrar a la casilla: cuando volví al baño había un huevón lavándose las manos y otro orinando, así que procedí a una lavada de manos involuntaria, dedo por dedo, uña por uña hasta que ambos huevones se hubieron largado. Me sequé las manos (a veces mientras me seco entra alguien más y tengo que volver a lavarme) y entré finalmente a la casilla.
  • A los cojudos tímidos no nos gusta que los demás sepan que estamos metidos en la casilla (I): este creo que es el punto fundamental de ser un cojudo tímido. Jamás entro con teléfono celular, no vaya a timbrar cuando uno no quiere que nadie lo descubra, o peor aún, no vaya a suceder lo que le pasó al cojudo de Fresa, que trató de contestar y decir "te llamo en cinco minutos" con voz muy bajita y el teléfono se le resbaló de la mano, cayó al piso y terminó fuera de la casilla, con una voz en el otro extremo de la línea preguntando ¿aló? ¿aló Fresa? ¿me escuchas?
  • A los cojudos tímidos no nos gusta que los demás sepan que estamos metidos en la casilla (II): durante el día, llevo mi identificación (mi badge) enganchada a mi cinturón, aparecen mi foto y letras muy grandes diciendo Chino. Entonces, cuando tomo asiento, lo primero que hago es desenganchar el badge y guardarlo en el bolsillo, no vaya a ser que alguien anda en la casilla de al lado y ve que este vecino que acaba de bajarse el pantalón es un chinito llamado Chino.
  • A los cojudos tímidos no nos gusta molestar: hoy en pleno ritual entraron personas al baño. Cuando esto sucede, los cojudos tímidos dejamos lo que estamos haciendo y esperamos. Esperé un par de minutos hasta que la gente se fue y pude continuar. A veces, sin embargo, no se puede esperar tanto y entonces uno se concentra para hacer el menor ruido posible. El ruido molesta y a los cojudos tímidos no nos gusta molestar.
  • A los cojudos tímidos no nos gusta que los demás sepan que estamos metidos en la casilla (III): al finalizar, me subí los pantalones y cuando ya estaba por salir de la casilla, plá mierda entra gente al baño, así que tuve que sentarme a esperar que se fueran y poder salir sin que nadie me vea. Pero hay ocasiones en que el timing se jode y uno va saliendo de la casilla mientras algún cojudo va entrando al baño y yo me siento muy abochornado, como si el otro cojudo me dijera con la mirada ¡ajá, Chino, te pillé: acabas de meterte un cague! ¡Culpable, culpable, culpable! Y el inconveniente de sentarse a esperar con los pantalones puestos es que si la persona que acaba de entrar al baño es otro cojudo tímido con ganas de cagar, probablemente se agachará a ver si las casillas están vacías y descubrirá un par de piernas con pantalones puestos y pensará "¿pero qué clase de cojudo hay allí escondido?". Un cojudo tímido.