Leonidas Diputado (Revista Caretas, Lima, 1990)

Lo que a continuación presentamos no es algo que se vea todos los días; rogamos, pues, que el lector preste gran atención y saboree línea por línea el artículo-entrevista escrito por el periodista peruano Jaime Bedoya.

En la edición del 1° de Octubre, 2005, mencionamos una carta que recibimos del Gran Riva: "(Mediodiablo) Te cuento que en Lima exhumé el numero de Caretas donde está el famoso artículo de Jaime Bedoya sobre el gran Carbajal; le saqué dos copias, una para ti y una para mí. Te pediría que cuando tengas tiempo escribieras un comentario, enumerando número de párrafo y línea, pero un comentario del tipo antropo-filológico-estilístico. Lo digo en serio."Cojudeces.com respondió públicamente al Gran Riva con el siguiente pedido: "... esperemos que el Gran Riva colabore con nosotros y nos envíe cuanto antes lo que nos pidió: un comentario del tipo antropo-filológico-estilístico. Lo decimos en serio."

Leonidas Diputado El orador de Trampolín se lanza a la piscina política.

(Transcrito de la revista Caretas, 12 de febrero de 1990) En el puesto número cuatro de la lista de diputados por el Callao presentada por el Frenatraca, figura el nombre de Leonidas Carbajal, el hombre-enciclopedia de Trampolín a la Fama. Animado por el jale electoral demostrado por personajes populares de la televisión (caso Ricardo Belmont, alcalde; caso Guillermo Rossini, regidor) y haciendo valer sus legítimos derechos ciudadanos, Carbajal va en pos de representar al primer puerto del país. Dice que no hace promesas. Y que de salir electo no renunciaría a Trampolín.

Leonidas en camisa azul, junto al elenco de Trampolín a la Fama

Leonidas en camisa azul, junto al elenco de Trampolín a la Fama

Una Monalisa, un bustito de Juan Pablo II, un tumi dorado, dos pinturas paisajistas (vista de nevados huaracinos; puesta del sol selvática), y confortables granate, adornan la sala del probable próximo diputado por el Callao, Leonidas Carbajal Alvarado. ¿Y la computadora prendida? ¿Y la biblioteca repleta de libros nunca abiertos? ¿Los cartelones? No los necesita. La gente sabe, conoce. En un país analfabeto, él es El Verbo de los sábados por la tarde. Un hombre fascinado desde su infancia por los misterios del lenguaje. Extraña inquietud que no sólo le permitiría decirle un día a Augusto Ferrando...

- Lo que tú tienes es un espasmo agudo de las bronquiales terminales con sibilancias diseminadas en ambos semitórax.
-¿Qué es eso?, preguntó Ferrando
-Que estás con tos.

... sino que proyectaría su popularidad a nivel nacional con patada en Miami; e incluso ésta -en caótico y caluroso momento de la historia de su país- sería interpretada como incondicional garantía de representatividad ciudadana. Por eso Leonidas -impecablemente de blanco, salvo secciones geométricas en azul de su camisa y finísimas líneas multicolores adornando sus calcetines- se relaja sobre su confortable granate, sabedor que goza de dos verdades absolutas que lo elevan por encima de la computadora prendida y el estar explicándole a la gente quién es él y porqué. Primero, el cariño del pueblo. Segundo, el don de la palabra. Siendo este último, por lo poderoso, relativo.

-Leonidas, ¿ya tienes algún slogan?
-Hermano, he estado pensando. Pero la verdad es que no me sale nada.

Fue a través de una actividad ministerial recreativa llamada la hora del empleado público -destinada a explorar el talento dormido del burócrata- que Leonidas sintió el llamado del arte.

En realidad, su precoz interés por la retórica, azuzada por la constante y alerta lectura de diarios y enciclopedias, pugnaba por una vía expresiva. Ministerial o no. Llegó a la televisión. Hizo comedia y drama. Fue galán de telenovelas. Pero el destino le guardaba un lugar propio en un programa concurso conducido por una de las leyendas televisivas de la realidad peruana, Augusto Ferrando. El programa de repercusiones míticas en la vida semanal de miles de televidentes, encerraba sabiamente su filosofía en su nombre: Trampolín a la fama. En éste, Leonidas Carbajal, vestido de policía, tenía a su cargo la delicada misión de retirar de las cámaras -ayudado de un bastón- a los concursantes que no reunieran las mínimas cualidades interpretativas que, en fin, la fama, siempre requirió.

Una tarde faltó Dalila al programa. Ella, junto con la entonces escultural Camucha Negrete, era una de las bellas modelos que tenían derecho a un breve saludo a la teleaudiencia. Una tarde faltó Dalila al programa, y Ferrando dijo a ver policía -ni siquiera sabía su nombre- saluda tú. Carbajal, en elegante traje policiaco, iluminado por la gracia de la improvisación y apelando a lo más recóndito de su vocabulario, televisión vivo, empezaba a dejar escapar palabras como: peripatética concurrencia, como: dadivosa y genuflexa conmiseración, y fue un éxito. Su prosa quedaba establecida como la sólida y venerable catedral que la oratoria rococó peruana necesitaba.

De vuelta en el sofá granate, Leonidas Carbajal, ya cercano a los sesenta años, podría sentirse casi un hombre satisfecho.

Goza del cariño del pueblo. Conoce Miami. Ha actuado en café teatro, en las obras Che Probeta y en Ayer Hombre, Hoy Mujer, roles protagónicos en ambos.

Dice que lo que es y lo que piensa ser, se lo debe a Augusto Ferrando. Sin embargo hay algo que lo ha llevado ahora a pensar en la política. Algo relacionado con que lo conocieran en una calle de Miami. ¡Hola Carbajal!, le gritaron. Algo relacionado con un hombre pobre que en esos momentos le toca el timbre de su casa y le dice doctor Leonidas Carbajal, necesito una ayuda. Dice que lo vienen a buscar. A veces le piden plata. Otras veces, escucharlo hablar.

Yo siempre fui de llevar una vida sedentaria y en ostracismo. (¿ves cómo van saliendo solas las frases?) En pasadas oportunidades unos amigos ya me habían llamado para incursionar en política. Yo no dije. Pero ahora se ha tratado del Frenatraca, un partido organizado, sólido, y he tenido la oportunidad de conocer a su líder Roger Cáceres, quien a través de sus palabras he podido comprobar que se trata de un hombre bastante probo y circunspecto. Ahora, claro, por el triunfo de Belmont, todos quieren entrar en política. Pero también se ha probado otra cosita: que los señores profesionales que estaban en política más se ocupan de sus profesiones que de su responsabilidad con el país. Iban al Congreso, marcaban tarjeta y se retiraban a atender a sus clientes. A mí eso me parece muy mal. Muy mal. Porque si uno es elegido es porque lleva el sentir de un pueblo, es para defenderlo, luchar por él. Entonces debe trabajar a tiempo completo y olvidarse del resto Menos de Trampolín a la Fama claro. De salir diputado yo seguiría en Trampolín. Creo que no interferiría con mi obligación parlamentaria. Van a haber políticos que me miren por encima del hombro. Tiene que haber de todo. ¿Qué hace éste acá?, van a decir. Cómico, además. Pero hay que demostrar a esa gente que -si bien no se va a estar a su nivel, porque ellos son políticos, con experiencia- por lo menos no hay que quedarse a la zaga. Hay que tratar de levantar la voz. Sin embargo, mira hermano, hasta ahora no he repartido ni una tarjeta. Primero, porque ni tengo. Pero estoy sorprendido porque la gente me busca, yo no llamo a nadie. Teleguía, la señorita de Gente, ustedes, los de Univisión con tremendo aparato de video. Yo me pregunto: ¿caigo bien a la gente? Me ha sorprendido la verdad todo este interés. Además que lo agradezco, hermano, porque esta cuestión de política es de lo más cara y yo ni siquiera he repartido mi foto. Si no fuera por ustedes, la verdad es que la gente ni se entera. Aunque también ya me están llamando paquete: ¿Pa qué te metes, pues? Nooo, qué guardaespaldas, ni cocteles. Si salgo elegido, a mí el cargo no me va a cambiar. No, pues. A mí con polvitos.

En el Trampolín a la Fama del sábado 20 de enero Leonidas Carbajal, con su habitual prestancia, destacó las excelencias de Kaotrine, Ormeño, y Embutidos La Moderna. Augusto Ferrando, recién llegado del extranjero, se refirió a la candidatura de su hombre de confianza, dándose el siguiente diálogo:

Ferrando: ¡Imagínate tú entrando al Congreso! ¡Ya ni me vas a saludar! Son doce cocos que se llevan. Y hay algunos que ni conocen el Congreso. ¡Doce palos, hermano!
Carbajal: Pero... ¿no adelantan todavía nada, no?

La ocurrencia fue celebrada jubilosamente por la gente linda de Trampolín, tanto presente como televidente, electorado potencial del eventual diputado Leonidas Carbajal; a quien Ferrando también suele llamar cariñosamente Care'Guante.

(J. Bedoya).